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Un hilo conductor

Diario de una experiencia: Ascenso al Cerro Tres Picos (Prov. Bs. As. – 1.239 m.s.n.m)

Transcurre la semana con mucha ansiedad por la travesía que estoy por emprender, si bien tengo experiencia en viajes y campamentos nunca hice un ascenso con la modalidad del trekking, ni montañismo. El clima tampoco ayuda mucho, el servicio meteorológico anuncia lluvia para el fin de semana, luego va cambiando a días despejados. Van pasando los días y pienso como será mi rendimiento, “lograre hacer Cumbre?”.

Muchos me preguntan para que? … la primera respuesta es simple, estar en contacto y vivir con la naturaleza es inigualable. La siguiente respuesta, no es tan simple, es medirse uno mismo, tener ganas de vencer obstáculos, sentirse vivo.

La fotografía es el medio que puedo utilizar para tratar de hacerle llegar a quien le interesa las bondades de preservar, convivir y disfrutar de las bellezas naturales, espero poder lograrlo.

 

Llego el día, voy camino al punto de encuentro, plataforma 20 en la terminal de Retiro, allí está Fernando Robledo de Argentina Extrema - AEX (quien será uno de nuestros guías), también esta Jesica Porreca (Jesi) de AEX a quien todos hemos vuelto loca con nuestros mails y consultas. Vienen las presentaciones y los saludos al grupo, cargar nuestras mochilas en el micro, alguna breve charla antes de emprender nuestro viaje a Torquinst, Provincia de Bs. As. previa parada en Liniers donde sube el resto del equipo y nuestro segundo guía, David Werner (Ioda).

 

Primer día – Hacia el campamento base.

 

Luego de aproximadamente 600 km. desde la ciudad de Buenos Aires y 10 hs de viaje en un micro lechero que va parando en cada luz en el camino llegamos a la pequeña terminal de Torquinst, el día esta muy nublado. Nos esperan dos camionetas 4x4 que nos llevaran a la estancia Funke, ubicada a unos 15 km. Rápidamente bajamos todo nuestro equipo y partimos haciendo una breve parada técnica en la administración de la fundación Rodolfo Funke, nos abastecernos de agua caliente para el infaltable mate y registrar nuestro ingreso como medida de seguridad.

La estancia esta situada entre valles y sierras del macizo de la Ventania, siendo el origen de éste el proceso de compresión que dio lugar a la separación de los continentes. Dentro de la superficie de la estancia se encuentran cerros como el Funke, el Napostá y el cerro Tres Picos, el más alto de la provincia y la región pampeana. Éste ultimo nuestro objetivo del ascenso.

Volvemos a subir a nuestras camionetas que nos llevaran hasta el puesto “La Glorieta”, allí descendemos y bajamos mochilas, equipos, carpas, alimentos para dos días entre otros. Un pequeño tanque cisterna será nuestra ultima provisión de agua, luego habrá que buscarla en los arroyos.

Por primera vez estamos todos juntos cara a cara, Fernando, David (Ioda) y Jesica (Jesi) nos reúnen para una presentación grupal, somos 14 entusiastas trekkers mas los tres guías.

Fernando toma la iniciativa, nos da las instrucciones que de ahora en mas debemos llevar adelante, nos indica cargar al menos 2 lts de agua por persona.

Mientras Ioda (todavía era David) nos da algunos consejos técnicos con el manejo de los bastones de trekking, el armado de las mochilas, como cargarla, colocarla en nuestras espaldas y la vestimenta que debemos llevar.

Cuando ya pensamos que tenemos todo listo, Fernando nos indica que hará revisión de nuestros equipos. Uno a uno nos va dando indicaciones que debemos cumplir, nos ordena vaciar nuestras mochilas y llevar “solo” lo puesto! … todos exclamamos…pero si tenemos lo que decía la lista (que previo al viaje nos había llegado por mail)… reitera categóricamente…solo lo puesto! hay que repartir la cargar entre todos, alimentos, carpas, etc. Todo lo que este demás se queda en “La Glorieta”.

Al único del grupo que había conocido previamente en una reunión de Argentina Extrema fue a Fernando, pero solo fue una breva charla sobre el viaje. En ese momento mi primer pensamiento fue “que exagerado” y me pareció que fue dicho en un tono imperativo pero bueno no estaba en condiciones de discutir sino de respetar la experiencia de mi guía.

Con la mochila vacía, llevando lo mínimo e indispensable (dejé toda mi ropa para los dos días de viaje) la cargue con alimentos y parte de una carpa. El peso es considerable (ahora que lo pienso mejor, no se si con lo que había llevado estaba mas liviana). Ioda nos va ayudando a colocar las mochilas, ajustar los precintos. Todo debe estar bien amarrado para la subida, nada debe quedar suelto.

Con las mochilas al hombro y abrigos puestos nuevamente Fernando nos da una nueva recomendación… quienes llevan los abrigos puestos deben sacárselos sino a los pocos metros estaremos muertos de calor! Yo tenía mi campera puesta y cerrada. Hacia frió y comenzaba a lloviznar. Otra vez, quitarnos la mochila para colocar nuestras camperas de manera de poder tenerla a mano.

Por fin con mucha ansiedad todo el grupo parte con la meta de hacer cumbre en el Cerro Tres Picos a 1.239 m.s.n.m. Creo que sin decirlo todos nos preguntábamos lo mismo, ¿Qué nos espera?

Así comienza una jornada que resultara en un largo esfuerzo, de templanza física y espiritual.

Partimos del puesto “La Glorieta” por el campo, sorteando tranqueras y un pequeño arroyo, el cual nos obliga a cruzarlo saltando por las piedras con la mochila al hombro. Esta primera etapa por el campo no ofrece dificultad pero a pesar de estar nublado comienza a sentirse el calor. Teníamos indicaciones de cuidarnos del sol y cuidar nuestra única fuente de agua.

Poco a poco mientras el terreno comienza a ir subiendo, las piedras comienzan a formar parte de nuestra ruta dejando de lado la tierra del campo. El grupo comienza a ir formando una larga fila, se van separando las distancias entre los más rápidos y los más rezagados. Uno de los guías lidera la fila y otro la cierra. El sendero va ingresando en un pequeño bosque de pinos que nos brinda un poco de sombra mientras la subida ya se esta haciendo poco a poco mas pronunciada si bien el desnivel aun no es demasiado.

A lo largo del trayecto vamos haciendo pequeñas paradas que me permiten descansar, tomar unos sorbos de agua, comer algún caramelo o turrón para recuperar energía que gentilmente va repartiendo Jesi. Ya estoy sintiendo el calor y el peso del equipo. Voy quedando con el grupo más lento. Fernando (ahora ya es Fer) nos va dando aliento e instrucciones de cómo avanzar seguros.

Poco a poco el camino se hace mas empinado, con muchas piedras que dificultan el andar, es la primera vez que entiendo la utilidad de los bastones de trekking ya que son un buen auxiliar para dar mayor estabilidad y equilibrio tratando de no pisar mal y sufrir una lesión. Una vez que dejamos atrás el pinar nos encontramos con una gran subida, para mí es el inicio de un largo trayecto lleno de dificultades.

La marcha se me hace lenta, mi mente ordena ir rápido. . . pero las piernas no me hacen caso y llevan su propio ritmo cada vez más lento. Con Luis (mi compañero de ruta) somos los últimos, lo veo a Fer, no preocupado pero si tratando de darnos aliento para que no nos quedemos. Nuevamente otra sentencia de Fernando,… contar 10 pasos y descansar 2 segundos y así continuar nuestro ascenso. El objetivo de contar es para evitar que la mente gobierne nuestras acciones y podamos avanzar. El secreto esta en intentar mantener el ritmo, suave y sin apuro.

Es cierto!… ya mi cabeza solo estaba llena de pensamientos pesimistas, veía a lo lejos el grupo de avanzada, me ponía mal ser el ultimo, pensaba … que hago acá?, pensaba en mi viaje de noviembre a Salta (mi próximo desafió, “el Macon”) y decía si con esto no puedo que voy hacer! … comencé a ver como podía cambiar los pasajes, cuanta plata perdía…. Todo era negativo.

Por fin llegamos a una gran tranquera a la cual le dicen el “Tranquerón”, lentamente con Luis nos vamos acercando al grupo que ya estaba descansando y aprovechamos un resguardo para almorzar una empanadas que habían tenido la precaución de llevar, a esa altura para mi estaban deliciosas.

Luego del descanso el grupo se pone de pie y comienza su marcha. Nos acompañaba a la retaguardia Ioda, quien comienza a preocuparse por los calambres que tengo en ambos muslos. Me hace hacer elongaciones y me alivia la carga de mi mochila. Mientras enlongaba veía el camino cada vez más empinado, mas piedras y mas piedras.

Mi mente trabajaba a mil en una competencia entre pensamientos solo negativos. Comencé a ver al grupo marchar en fila y sin darme cuenta lo vi como un “hilo conductor” de energía al cual comencé a seguir sin mirar las dificultades del terreno y poco a poco fui subiendo, a mi entender, el tramo mas duro.

Poco a poco  el camino va convirtiéndose en un sendero, pequeñas pircas (pilas de piedras) o estacas pintadas van señalando que vamos por el lugar correcto.

En ocasiones cuando las nubes están bajas llegan a la sierra y quedan atrapadas provocando una gran niebla que obstruye por completo la visión, en esos casos los consejos de quienes conocen el lugar indican que no se debe pasar de este lugar, es propicio para armar la carpa y esperar mejor tiempo, de seguir adelante una persona sin experiencia podría fácilmente perderse.
Pero hoy el día está bueno y podemos seguir el sendero, adelante vemos una bifurcación, nuestro camino es del de la izquierda, el otro sigue derecho hacia la cumbre pero hoy no es nuestro plan sino llegar a la Cueva.
Seguimos la marcha, cansados pero sabemos que ya estamos en la última etapa, todavía quedan algunas cuestas que ascender, algunas bastante rocosas luego de una lenta marcha cuando quise darme cuenta ya tenía la imponente Cueva de los Guanacos a la vista, a pocos metros de distancia. Allí armaríamos nuestro campamento.  

No hay descanso, hay que armar las carpas, acomodar el equipo antes que las últimas horas de la tarde lleguen. Los guías deben ir al arroyo San Diego donde un hilo de agua será suficiente para recargar todas las botellas que llevamos. Para llegar hasta el arroyo hay que bajar bastante para luego subir con el peso de las botellas cargadas en las mochilas por eso esta tarea la hacen Fer y Ioda.

Afortunadamente la Cueva no estaba ocupada por otras carpas así que pudimos armar las nuestras en su interior como una protección adicional por el frío que ya se estaba haciendo sentir. Unas rondas de mate, algún té o mate cocido caliente vienen muy bien.

Aprovechando los últimos rayos de sol el grupo decide hacer una salida hacia el cerro Napostá que esta junto a nosotros. Yo estoy cansado y decido quedarme para recuperar fuerzas, mientras recorro el lugar cámara en mano mientras miro la imponente figura del Cerro Tres Picos que esta justo frente a la cueva. Subo hasta unas piedras que me permiten tener una vista del valle, la cueva y el cerro. Saco fotos mientras las nubes de a poco van llegando a cubrir el lugar. En la soledad de mi lugar pienso una y otra vez… como haré para poder llegar a la cima? …muy a lo lejos se ven las pequeñas figuras de quienes están descendiendo, el camino desde aquí no se ve fácil.

La noche llego, Fernando, Ioda y Jessi comienzan a poner en practica el arte culinario preparando nuestra cena… unos fideos que todos a esa altura esperamos como presas feroces rodeando a nuestros guías. Los fideos con salsa están deliciosos, repetimos una y otra vez dejando nuestros platos limpios mientras conversamos de diferentes temas aprovechando para conocernos un poco más. Cuando ya pensamos que todo terminaba llega la sorpresa de la noche… una Fondue de chocolate!!! A la cual es imposible resistirse.

Antes de irnos a dormir Ioda nos da unas palabras y consejos para mantener en alta la estima y la fuerza de voluntad para el día que nos espera. Sus consejos quedan dando vueltas en mi cabeza mientras nos acomodamos en la carpa con Luis y Adrián (dos amigos de San Bernardo que celular en mano van siguiendo minuto a minuto como va las apuestas que les han hecho para ver si logran hacer cumbre).

Pocos minutos tardamos en estar completamente dormidos sin importar el clima y la carpa.

 

Segundo día – Buscando mi primer cumbre.

 

A partir de las 6 de la mañana se van sintiendo junto a las vocalizaciones de las palomas que habitan la cueva los primeros movimientos del grupo. Uno a uno nos vamos levantando, hace bastante frío, mientras el mate y café caliente nos ayudan a entrar en calor vamos armando nuestras mochilas, desarmando las carpas y dejando limpio todo el campamento mientras un grupo va al arroyo en busca de nuestra provisión de agua para el día. Mientras aprovecho los últimos momentos para sacar fotos y preparar el equipo fotográfico que me acompañara en el ascenso.

El trekking hacia la cumbre va a demandar algunas horas, no conozco los detalles de cómo será así que ya me voy mentalizando en “positivo” tal como nos enseño Ioda la noche anterior. Una y otra vez me repito que voy a poder a pesar que sigo mirando al Cerro Tres Picos que desde mi posición parece algo complejo de subir.

La caravana se pone en marcha mochilas al hombro, el camino es retomar el sendero que habíamos hecho el día anterior. Una subida entre piedras que esta vez la puedo hacer con facilidad ya que estoy descansado pero una nueva dificultad debemos afrontar… el viento que no deja de soplar con fuertes ráfagas y cruzadas nos dificultan trepar las piedras con la carga de la mochila, en varias ocasiones debemos ponernos posición enfrentándolo para evitar caer entre las piedras. La cuesta arriba se va haciendo sentir pero sigo con un solo pensamiento positivo… voy a poder!

Así luego de un tramo no muy largo llegamos a lo que será nuestra base del ascenso, allí dejamos al resguardo de las rocas (en medio de la nada) todo nuestro equipo y mochilas, solo subiremos con nuestro abrigo, agua y bastones de trekking. En mi caso llevo una pequeña mochila plegable donde coloco la maquina de fotos Canon con una sola lente 18-135 mm, el resto queda en la mochila.

Poco a poco vamos subiendo hacia la cumbre, siempre en fila la cual voy viendo como mi hilo conductor como mi único pensamiento de que hasta allá arriba llegaré. A mitad de camino hacemos un breve descanso, degustar unos caramelos, fruta y unos sorbos de agua son un deleite. En todo el viaje es la primera vez que miro hacia atrás (no lo había hecho el primer día) y no puedo creer hasta donde subimos, a lo lejos vemos la cueva donde la noche anterior estuvimos. Ahora soy yo ese punto que se veía desde allí camino a la cumbre. En lo personal voy bien, me siento bien!... volvemos a seguir el sendero siempre subiendo pero sin sentir cansancio hasta llegar a un nuevo punto donde terminamos de abandonar parte de nuestro equipo, allí quedan nuestros bastones de trekking y cualquier elemento (botellas de agua, etc.) que nos impida encarar la ultima subida. Esto es señal de que ya estamos llegando pero esta etapa es mas empinada y se hace escalando, trepando, entre las piedras bajo la atenta mirada de Fer y Ioda que desde puntos estratégicos nos van indicando donde pisar, de donde sujetarnos mientras escalamos paso a paso evitando tocar piedras flojas que puedan caer hacia abajo lastimando a quienes nos siguen el camino. La ansiedad es tan grande que me olvido del esfuerzo y mi vértigo para bajar, solo pienso en recorrer este tramo que me resulta fascinante ir trepando, buscando puntos de donde aferrarme, donde pisar y sin darme cuenta ya estoy viendo la cruz que indica la cima y los primeros compañeros del grupo que estaban llegando.

Fui parte del primer grupo en llegar, allí estaba Ioda delante mío con quien me fundí en un gran y largo abrazo de emoción mientras le repetía una y otra vez “Gracias, sos un gran motivador!” Sus palabras fueron mi inspiración para lograr hacer mi primer cumbre, algo que desde abajo se veía imposible.          

A esa altura en la cima todo era fiesta, felicitaciones, abrazos, fotos grupales o individuales, Selfies. Buscamos el libro de cumbre y leemos algo de los que nos precedieron, dejamos nuestro mensaje para luego hacer un descanso que cada uno utiliza de diferente forma, hay quienes se asilan, meditan, relajan, duermen, escriben, por mi lado como la vista es fascinante no dejo de sacar fotos del paisaje que nos rodea. Una y otra vez miro hacia abajo sin comprender como estoy allí arriba.

 

En algunos de los relatos del ascenso que leí decían… “Algunas personas podrían pensar que no hay nada que festejar, al fin y al cabo es un pequeño pico que no representa demasiado desafío, creo sin embargo que el desafío siempre existe, independientemente de la altura de la montaña, a veces será mayor, de eso no hay duda, pero alcanzar la cumbre siempre debería ser motivo de festejo (aún desde lo simbólico)”.

 

Una y otra vez doy vueltas por la cima y no dejo de fascinarme por la vista, el contraste de la serranía con el campo, nuestra Pampa. Las nubes de a poco van cubriendo las cimas de las  sierras. Ya es hora de iniciar nuestro descenso.


 El descenso lo hacemos tranquilos, la parte de la escalada no fue compleja a pesar de mi vértigo, es como si estar allí lleno de felicidad nada me afecta. En el camino recuperamos nuestro equipo y mientras bajamos nos vamos cruzando con otros grupos que iniciaban su ascenso, a paso tranquilo vamos llegando hasta donde habíamos dejado nuestras mochilas. Para ese entonces otros grupos también habían hecho base dejando sus mochilas en su camino de subida.

Luego de unos buenos sándwiches y fruta mientras descansamos mirando el Cerro Tres Picos los relatos se multiplican. La felicidad se ve en cada rostro y como despedida un grupo de Guanacos se deja ver muy cerca mientras las maquinas de fotos no dejan de retratarlos.

Mochilas al hombro comenzamos lento el regreso desandando el camino que al ser en bajada y con las piedras debemos tener cuidado, el cansancio, el calor y las ganas de llegar hacen que esta parte resulte interminable, casi no hay descansos. Allá a lo lejos vemos nuestro destino “La Glorieta” el cual parece no acercarse a pesar que vamos caminando cada vez mas rápido, estamos llegando tarde. Una vez allí tiramos las mochilas para sentarnos a descansar mientras las camionetas 4x4 ya nos están esperando para el regreso a la terminal.

Una vez que descargamos todo el equipo nos preparamos para esperar el micro y aprovechamos a higienizarnos, ropa limpia, hidratarnos con aguas saborizadas… lo mejor una cervezas frías y pizza acompañada de relatos, anécdotas mientras vamos revisando las fotos.

El regreso… un viaje largo donde el cansancio y el sueño ganaron.   

 

Mi agradecimiento para Fernando Robledo de Argentina Extrema – AEX, quien nos mostró su temple de líder de grupo haciendo que sus indicaciones fuesen precisas y concretas. En este tipo de experiencias nada puede quedar sin contemplar, nuestra seguridad y bienestar están en sus manos y así fue, nada improvisado, siempre con la mirada atenta en cada detalle.

 

A David Werner (Ioda), mas allá de su amplia experiencia e idoneidad es un inspirador, un motivador nato, sabe como dar fuerzas, como hacer que te salga energía de tu interior sin que sepas que la tenés.

 

A Jesica Porreca (Jesi) de AEX a quien todos hemos vuelto loca con nuestras consultas no tengo mas que agradecimientos por su dedicación, siempre atenta con nuestro bienestar. Su formación de naturalista le da al grupo un valor agregado.

 

 

 

Autor: Alejandro Ruiz Trevisan

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