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Montañismo y decisiones.

Ascender implica tomar decisiones.

Sabemos que escalar una montaña exige muchas cosas: investigar, ponerse en forma, conseguir el equipo, un planeamiento del ascenso, etc. Pero también supone tomar decisiones ya que somos parte activa de un grupo. La preparación mental siempre ayuda en el caso que los planes no sean perfectos (y nunca lo son) y haya que improvisar y tomar decisiones rápidas. La pregunta es cómo? En este artículo propongo dos ejercicios que pueden ayudarnos en la elaboración de este aspecto. Por último considero validas las enseñanzas occidentales y así como las orientales y más que oponerlas propongo aquí que saquemos fruto de estos siglos de vasto conocimiento.    

Por algún lado hay que empezar. El primer ejercicio es una línea de pensamiento occidental. Para entenderla transcribo un párrafo de Claúde Levi-Strauss*: “El método consiste en oponer dos opiniones tradicionales de la cuestión planteada: introducir en la primera las razones del sentido común, que luego se destruyen por medio de la segunda; por último, se las rechaza juntas gracias a una tercera que revela el carácter igualmente parcial de las dos anteriores”. Tomemos cualquier ejemplo como ilustración. El origen del tango que tanto se discute. Oponemos dos opiniones: “El tango es Argentino y no Uruguayo”. Planteamos las razones por las cuales pensamos que el tango es argentino; luego las destruimos una a una con aquellas razones que sostienen que el tango es uruguayo; tercero y último rechazamos las dos revelando que el tango es rioplatense. Duro?  Si lo fue pasemos al segundo ejercicio.

Montañismo y Notas

Crucemos el globo. Al oriente. Vayamos al pueblito indio de Rishikesh en el Utharkand, a orillas del Rio Ganges y al pie del Himalaya.  Allí rodeado de la selva de Kipling con monos, elefantes y tigres vive el maestro Surinder Singh. Hablando sobre lo difícil que a veces nos resultan las relaciones humanas una vez nos explicó, con todas esas pausas y silencios de esos maestros orientales, que por fuera tenemos que ser como una piedra: duros e impenetrables. La dureza exterior nos protege de las agresiones y de demostrar reacciones que muchas veces no queremos: irritación, molestias, incomodidad, etc. En tanto esta dureza no tiene que filtrarse hacia el interior. Todo lo contrario ser blandos por dentro. Dar flexibilidad en el interior nos hace más tolerantes y eleva el pensamiento permitiendo llegar a otro resultado. Así cuando uno está en grupo y hay una decisión a tomar o una acción a cumplir hay que esforzarse a entender el punto de vista del otro. Si uno muestra lo irritado que esta por fuera o se vuelve demasiado duro por dentro es muy probable que impactemos en el otro negativamente. Quedarse encerrado en la propia concepción en su propio punto de vista no ayuda. Hay que encontrar la solución más razonable y no aquella que se imponga sólo por qué es la de uno. Y con buena voluntad, eso siempre se logra. 

Estos, aparentemente sencillos, ejercicios hay que ponerlos en práctica día a día para irse preparando para el ascenso (y tampoco nos van a hacer mal para la vida) y con el tiempo se vuelven cada vez más fáciles de poner en práctica.

*”Tristes trópicos”, 1955. El resume su carrera de filosofía en esta útil enseñanza que después le diera tantos usos en su carrera como etnólogo. 

 

 

Autor: Diego Martinez Shedden

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