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¿Había que subir tan alto para poder llegar tan profundo?

Con tranquilidad, comencé a armar el viaje a Caviahue. Venía practicando yoga con intensidad, estaba en buen estado y en eje.

Multiaventura Caviahue - Argentinaextrema¡Qué viaje! en sentido metafísico. El haber vivenciado la actividad de la montaña, fue una experiencia conmovedora. No sólo elm trekking para llegar a los distintos puntos,sino el poder comprobar su propia vida. Durante los ascensos; cuando pisaba una piedra, me sentía impulsada hacia arriba y hacia adelante, pero cuando pisaba la tierra, ésta me tomaba, me atraía hacia ella.

Esta sensación de llegar a alturas impensadas, ni siquiera fantaseadas; de realizar actividades fuera de mi mundo proyectado,me hizo tener la vivencia de la superación de mis límites.

¿Qué me enseñó el cuerpo ahí? Que lo que puedo hacer con él, se hace. Que si no me obstaculizo desde mi fuero interno; mi cuerpo, esta que soy,lleva a cabo lo propuesto..

¿Por qué una experiencia metafísica? Porque cuando llegué al cráter del volcán Copahue, la imagen era surrealista, de ciencia-ficción. Dentro de esa laguna espesa, tipo lodo entre verduzco y plateado, que borboteaba por la gran temperatura, ahí la Vida.

Ese espacio mágico envuelto en vapores sulfurosos, nos dificultaba respirar. Era la manifestación contundente de la actividad de la tierra. Con una jerarquía incuestionable: si ella se despliega, nosotros nos sentimos vulnerables, como es.

Desde la perspectiva visual que teníamos, la pared frente nuestro era un glaciar. Entonces, en ese momento me dije: "voy a tratar de retener este momento, esto es único y me rebasa". Así fue. Retenerlo en mí como un tesoro, como la oportunidad de haber protagonizado esta experiencia metafísica, casi mítica y mística al mismo tiempo.

No tomo fotografías porque me gusta más dar con la palabra, aquella que me nombre y me nombra. Aquella letra que sea mi fibra íntima pero también que quiera salir a la superficie; como la vallesneria, que debajo del agua emerge y le sonríe al sol.

¿Había que subir tan alto también, para poder llegar tan profundo? ¿eran tres mil metros para adentro?. Esa complejidad sedimentada con tantos repliegues...¿estaba tan honda? Como lo hondo me lleva a lo alto, evidentemente ese vuelo lo da una buena raíz. Se unen aquí la montaña y el árbol, tan majestuosos ambos. Testigos.

Y circunvalando todo, el silencio. Ese silencio que denota, silencio revelador de la profunda conmoción.

Poder darle a la palabra su regia etimología. Ese movimiento coincidente entre el adentro y el afuera. La excelsa exterioridad y la profunda conmoción de la interioridad. 

 

Autor: Emma Fernández

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